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La gente del desierto y de la sierra fortalece sus lazos
La gente del desierto y de la sierra fortalece sus lazos
Por Redacción
Magdalena de Kino.- La falta de músicos para sus ceremonias tradicionales y la pérdida de su lengua materna, son dos de los principales problemas que enfrentan los grupos indígenas pima y o’odham que habitan en Sonora, Chihuahua y Arizona.
Como desde hace seis años, las naciones o’odham (akimel que viven en Arizona y tohono en Puerto Peñasco y Quitovac, Sonora), así como sus hermanos pimas de Sonora y Chihuahua, se reencuentran en el Festival Kino, en Magdalena, como una forma de impedir que su cultura desaparezca.
Todos los días luchan y se esfuerzan por mantener vivas sus raíces, esas que ya existían antes de que llegaran los españoles, porque ya estaban establecidos como sociedad y practicaban la ciencia, la filosofía, la etnobotánica. La cultura de Sonora es ancestral.
Hoy tuvieron un encuentro para expresar lo que les hace falta. Con el apoyo del antropólogo Alejandro Aguilar Zeleny y de Alba Gloria Galindo, coordinadora de Culturas Populares del ISC, los representantes de estas naciones se reunieron en el Palacio municipal de Magdalena de Kino.
Entre las necesidades inaplazables está la creación de un programa de apoyo para documentar sus ceremonias, tradiciones, música y danzas; enseñar a niños y jóvenes de sus comunidades a tocar los instrumentos indispensables para estas ceremonias, porque hay pueblos que ya no cuentan con músicos tradicionales y tienen que invitar a los de comunidades cercanas, y además, dar a conocer la labor que realizan para que su cultura perviva.
Las ceremonias también se mantienen a pesar de todo. Portan con orgullo su vestimenta tradicional, sus cantos y danzas que tienen que ver con la naturaleza y su origen.
En esta fiesta cultural lo demostraron porque para ellos no es un espectáculo sino su forma de compartir con los demás la grandeza de sus costumbres. En el escenario alterno se presentaron Vah Ki Singer y Basket Dancers de Arizona; el grupo Arcoiris de Quitovac, Sonoyta, y el grupo de Puerto Peñasco. Al final se reunieron en una sola danza para demostrar que la nación o’odham aunque dispersa, es grande y fuerte, y está trabajando para seguir viva.
