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Lupita Ureña: ocho años dando esperanza a perros abandonados

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Durante los últimos ocho años, Lupita Ureña ha dedicado gran parte de su vida a rescatar perros en situación de calle en Hermosillo, una labor que realiza a través del colectivo Kuaan Mani, cuyo significado es “Amar”. Lo que comenzó como un acto de compasión hacia un animal herido, se transformó con el tiempo en un compromiso constante por brindar una segunda oportunidad a decenas de perros abandonados.

 

Su historia como rescatista inició con Genoveva, una perrita atropellada que llegó a sus manos en muy malas condiciones. A pesar de no contar con experiencia previa en rescate animal, Lupita decidió brindarle refugio temporal, atención médica y los cuidados necesarios para que pudiera recuperarse. Ese primer rescate marcó profundamente su vida.

“Comencé con nula experiencia, pero con muchas ganas de hacerlo. Conforme pasaron los días y vi cómo se iba recuperando, se me hizo algo maravilloso, como magia, y a partir de ahí le seguí. En cinco años llevo 380 adopciones”, compartió.

Con el paso del tiempo su labor se fue fortaleciendo. Lupita comenzó alimentando perros callejeros, rescatando pequeñas camadas y gestionando esterilizaciones con recursos propios, en una etapa en la que la cultura de la esterilización animal era limitada y existía poca información sobre la importancia de controlar la población de perros en la calle.

A través del colectivo Kuaan Mani, ha impulsado también la adopción responsable, buscando hogares para los animales rescatados y promoviendo una mayor conciencia sobre el bienestar animal. Cada rescate, asegura, representa no solo salvar una vida, sino también generar empatía en la comunidad.

Para Lupita, esta labor tiene además un significado personal muy profundo. Explica que su compromiso con los animales es una forma de honrar a su padre, quien desde su infancia le inculcó el respeto y el cariño hacia ellos. En su familia siempre hubo perros y aprendió que cuidarlos implica responsabilidad, atención y amor.

Sin embargo, el camino no ha estado libre de dificultades. En años recientes enfrentó uno de los momentos más complicados de su vida al perder la vista en su ojo derecho, situación que inicialmente la sumió en una profunda tristeza.

“Cuando recibí el diagnóstico atravesé momentos complicados y de profunda tristeza, pero ese mismo trabajo con los perros es lo que me ayudó a salir adelante y así seguimos”, expresó.

A pesar de los retos personales y las dificultades que implica el rescate animal, Lupita asegura que continuará ayudando a los perros que lo necesiten mientras tenga la posibilidad de hacerlo. Para ella, cada animal rescatado representa una historia de esperanza y una oportunidad de demostrar que la empatía puede cambiar vidas.

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