El gobierno de Bush, sus cómplices bipartidistas en el Congreso y en los medios encubrieron el desastre que provocaron, encubrieron crímenes de guerra que incluyeron la tortura y el asesinato de civiles (también periodistas), lo cual se conoció gracias a algunos periodistas excepcionales y después por Wikileaks bajo la dirección de Julian Assange, quienes difundieron documentos y videos oficiales clasificados filtrados por la analista de inteligencia militar Chelsea Manning.
“Empezando con Biden muchos de los mismos funcionarios que apoyaron la invasión siguen administrando al gobierno y a los medios”, señaló el columnista Michael Hirsh en Foreign Policy.
Nadie rindió cuentas por la tortura
Cuando el reconocido periodista Seymour Hersh –famoso por sus revelaciones de uno de los crímenes más extremos en Vietnam en el pueblo de My Lai– publicó su reportaje con fotos en New Yorker revelando la tortura y el asesinato de reos en la prisión militar estadunidense de Abu Ghraib, en Irak, como siempre, los oficiales denunciaron que los responsables eran militares de bajo rango a quienes calificaron de “sádicos”, pero el maltrato criminal de prisioneros se rastreó por toda la cadena de mando hasta llegar al propio secretario de Defensa de entonces, Donald Rumsfeld, pero ni él ni sus comandantes rindieron cuentas jamás.
Pero mientras la Corte Penal Internacional de La Haya acaba de emitir una orden de arresto contra el presidente ruso, Vladimir Putin, ninguno de los responsables de los delitos de guerra en Irak han sido enjuiciados en Estados Unidos y menos en La Haya (Washington no acepta la autoridad de ese tribunal sobre su país).
Como ha repetido Noam Chomsky en La Jornada, “Estados Unidos ni siquiera intenta disimular su desprecio por el derecho internacional; excepto cuando puede usarlo como arma contra sus enemigos. Es entonces cuando lo replantea como ‘el orden internacional basado en reglas’ para sustituir el arcaico orden internacional sustentado en la ONU”. ( https://www.jornada.com.mx/notas/2022/ 10/17/mundo/chomsky-eu-violo-normas-en-su-cruenta-invasion-a-irak/).
Destruir para “liberar”
Irak, al ser “liberado” por Estados Unidos, ha quedado devastado y el conflicto es calificado de desastre. “La guerra en Irak, que dio inicio hace 20 años, representa la cumbre de la temeridad militar estadunidense sólo después de la guerra de Vietnam”, afirma el historiador militar Andrew Bacevich en la revista Foreign Affairs.
El propio informe del ejército de Estados Unidos sobre la guerra en Irak concluyó que “un Irán envalentonado y expansionista parecer ser el único victorioso” de esa guerra.
El costo humano de esa aventura bélica aún no se sabe de manera precisa. El proyecto Costo de Guerra de la Universidad Brown que calcula el número de muertes directas en más de 550 mil en esa guerra, agrega que “aunque es difícil conocer el número exacto, tal vez dos o tres o cuatro veces ese número podrían haber muerto por causas indirectas como el desplazamiento, acceso limitado a agua potable, a atención médica y por enfermedades evitables”.
No todo fue un fracaso. “La guerra fue mejor para las empresas petroleras occidentales”, reportó Spencer Ackerman en la revista The Nation. “En 2008 el Departamento de Estado guió al gobierno iraquí para otorgar concesiones no competitivas a las riquezas petroleras del país a ExxonMobil, BP, Chevron y Total”. Ackerman recuerda que Alan Greenspan, el ex presidente del banco central estadunidense, la Reserva Federal, escribió en sus memorias que “la guerra de Irak se trató de petróleo en gran parte”.
Para algunos de los estadunidenses a los que les ordenó el comandante en jefe y su equipo, apoyados por casi toda la cúpula política, intervenir y ocupar otro país en nombre de la democracia y la paz, esa guerra demuestra más que nada el gran peligro del militarismo estadunidense.
“Estamos comprometidos con hacer visible los efectos del militarismo estadunidense sobre el pueblo aquí en casa como aquellos en el extranjero cuyos hogares invadimos y desestabilizamos”, afirman veteranos de esa guerra que ahora se dedican a frenar las aventuras bélicas de su país en la organización About Face/Veteranos Contra la Guerra (https://aboutfaceveterans.org).
En el décimo aniversario de la guerra, el veterano militar herido en Irak Tomas Young escribió una carta abierta a Bush y Cheney declarando que casi a ningún político le importan las heridas físicas y mentales que sufrieron los que enviaron a invadir ese país, y concluyó: “fuimos usados, fuimos traicionados, y hemos sido abandonados… espero que sean enjuiciados… y que antes de que terminen sus tiempos en la tierra, como está ocurriendo conmigo (murió poco después de escribir esto), que encuentren la fortaleza de carácter para presentarse ante el público estadunidense y el mundo, y en particular ante el pueblo iraquí, y rogar ser perdonados”.
