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Implementan acciones discrecionales para atender violencia de pareja

Implementan acciones discrecionales para atender violencia de pareja

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“A falta de conocimientos especializados, policías y jueces recuperan elementos teóricos y prácticos para asumir que la mayoría de los desacuerdos en las parejas, e incluso los hechos violentos, pueden ‘arreglarse con el diálogo´”, señala la doctora Claudia Esthela Espinoza Cid.

Comenta que la limitada comprensión de los jueces y los policías sobre la violencia de género, los lleva a implementar acciones discrecionales como la mediación y evitar sancionar al agresor de acuerdo a la ley para no perjudicar a la familia.

Las y los agentes exhiben rasgos de un habitus local de género, que corresponde a un segmento de la población que reside en Hermosillo, es decir, la característica principal es que se identifican como parte de relaciones y estilos de vida tradicionales.

“La mediación representa un discurso sofisticado con un trasfondo de corrección política, en este contexto de género se refleja también la incomprensión sobre la violencia de pareja como un problema distinto a las riñas o a otras formas de violencia”, explicó.

Además, agregó que las y los agentes consideran como naturales los roles socio-genéricos para varones y mujeres, la autoridad patriarcal de los hombres, así como la figura del varón como padre-esposo-proveedor y la figura de la mujer como madre-esposa-cuidadora y dependiente del hombre.

Espinoza Cid dijo que en un escenario como éste, los conceptos de terrorismo íntimo o de resistencia violenta, brindan pautas para pensar que las diferentes maneras en que puede presentarse la violencia de pareja, ameritan diferentes tipos de intervenciones policiales y judiciales.

“Víctimas, agresores, policías, médicos legistas y jueces calificadores comparten una cultura de género que se expresa a través de significados sexo-genéricos de corte tradicional. Son significados que no están exentos de contradicción y de ambigüedad”, sostuvo.

Concluyó que se trata de un contexto local con una cultura de género, donde las percepciones desinformadas y limitadas sobre la violencia de pareja, lo mismo que la violencia simbólica, terminan por hacerse presentes en las prácticas de los agentes institucionales en la atención policial y judicial.   

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