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Nos tocara
Nos tocara
Por Sylvia Teresa Manríquez
Socorro era mi tía, mayor solo tres o cuatro años. Ella nació con una discapacidad que la imposibilitó para moverse y comunicarse. Su mamá no dejaba que la vieran en público. Toda su vida estuvo recluida en el interior de su casa. Vivió casi treinta cinco años con parálisis cerebral.
Mi tía pasó la mayor parte de su vida en una cama, mi mamá la acomodaba en su carriola y la sacaba a pasear dando vuelta a la manzana donde estaba su casa, Creo que fueron pocas las veces que se lo permitieron, porque en el afán de ocultarla, hasta el médico que la atendía tenía que hacer visita a domicilio.
Así era la discapacidad en aquella época, envuelta entre tabúes y prejuicios. Por fortuna hay gente como mi madre, que reconocía, quizá sin saberlo, la importancia de la inclusión. Algunas cosas han cambiado, hoy sabemos más sobre las discapacidades pero aún falta mucho por conocer y por hacer.
Según la definición que aparece en el portal del INEGI, una persona con discapacidad es aquella que presenta una limitación física o mental de manera permanente o por más de seis meses, que le impide desarrollar sus actividades en forma que se considera normal para un ser humano.
En cifras del INEGI, datos del 2014 dicen que en México la discapacidad afecta al 6% de la población total; siendo las discapacidades más comunes reportadas las dificultades para caminar y para ver. Los principales detonantes son las enfermedades y la edad avanzada.
Por esto último aseguro que a todos y todas nos tocará; porque, si bien nos va, llegaremos a ser personas adultas mayores, lo que trae aparejado problemas con la movilidad, vista y oído, por lo menos; sin mencionar que ya muchas personas padece diabetes cuyas principales complicaciones son amputaciones de extremidades y retinopatía diabética, problemas al andar y con la vista.
Además, en los análisis del INEGI se establece que de la población con discapacidad solo el 39 % participa en actividades económicas, frente a casi 65 % de su contraparte sin discapacidad. Todos estos datos son importantes porque nos presentan una realidad en la que la integración y la inclusión tienen un camino difícil.
De las personas con discapacidad en nuestro país el 23 % no cuenta con algún nivel de escolaridad. Las que tienen dificultades con la vista son quienes más asisten a la escuela. Reconozco que existen destacados profesionistas con algún tipo de discapacidad pero son pocos.
Y es que no se trata solamente de hacer un lugar, un espacio, integrar a nuestro diario vivir a las personas con discapacidad, sino de integrarlos con calidad, o sea: incluir.
Si observamos, cuantas personas que esto leen pueden decir que no han caminado por banquetas intransitables o pasado contratiempos porque los estacionamientos están “apartados” con cubetas o botes para la basura, eso sólo por mencionar dos ejemplos comunes.
Y qué decir de temas como encontrar pareja, la mujer sigue padeciendo la peor parte. Es más común que una mujer “normal” elija como pareja a un hombre con alguna discapacidad, mientras que un hombre “normal” ni siquiera voltea a ver a una mujer con algún tipo de problema incapacitante.
Qué decir de los hombres que no se sienten capaces de apoyar en la crianza de un bebé con discapacidad y lo abandonan desde que nace, dejando a la mujer sola enfrentando el problema de mantener el hogar y cuidar al hijo o hija, sin tiempo para vida propia. Sin mencionar que para las mujeres con discapacidad es más difícil encontrar empleo.
Las personas con algún tipo de discapacidad son cercanas, son amigos, amigas, familia. Son hijos e hijas, padres, madres, abuelos y abuelas, tíos, tías, primos, primas.
Por eso es importante actuar desde el hogar, revisando que sean incluyentes. Desde el hogar apoyar como sociedad a asociaciones que fomentan la inclusión; promover iniciativas o rescatar las que están empolvadas, todas las que hagan incluyente y amigable nuestra ciudad.
Nos hacen falta talleres de sensibilización para aprender que algún día seremos parte de esta población, nadie quiere ver caras chuecas al momento de realizar un trámite o simplemente al ir por la calle.
Es impactante la alta posibilidad de que a todas y todos nos toque tratar con algún tipo de capacidad, si llegamos a viejos. Luchemos como sociedad por la inclusión.
