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Carmen Salinas: del cine de ficheras a una curul en San Lázaro
Carmen Salinas, la "Corcholata" o la "Pepsicola", se había convertido en política. Pero debía guardar silencio unas horas.
Información de Sin Embargo
La actriz Carmen Salinas Lozano llegará a la Cámara de Diputados. Ocupará una curul por el Partido Revolucionario Institucional. Foto: Cuartoscuro
Ciudad de México, 11 marzo (SinEmbargo).– La tarde del domingo 1 de marzo, el reportero Jorge Nieto, del Diario Basta!, se comunicó a la casa de la actriz Carmen Salinas Lozano. El motivo no era la petición de una reacción a un evento de los escenarios. Solía ocurrir que los comunicadores acudían a ella para encontrar una opinión sobre cualquier acontecimiento, propio o ajeno. Esta vez, su nombre estaba en la lista de candidatos plurinominales del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en un sitio de privilegio: el cuarto de la cuarta circunscripción. Carmen Salinas iba a ser Diputada.
En el teléfono, como hilo que se va, ella dijo:
“… Me dijeron que sabían que tenía años de no aceptar una invitación a una candidatura y que habían visto mi empatía con todo el pueblo, sobre todo con los jóvenes. Por eso pensaron en mí y la verdad acepté gustosa porque hay mucha gente que sí necesita ayuda realmente, que se dedica a trabajar y no a robar como otros …”.
No volvería a declarar nada más. Un consejero la interrumpió con la señal de “moción”. Ya no respondió llamadas. De nadie. El consejo fue no decir nada más, no revelar ninguno de sus planes ni sentimientos, no decir quién roba o quién no y sobre todas las cosas, no mencionar ni responder sobre la Casa Blanca, ese escándalo inmobiliario que derruyó al Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto después de la revelación periodística del equipo de NoticiasMVS.
Carmen Salinas, la “Corcholata” o la “Pepsicola”, se había convertido en política. Pero debía guardar silencio unas horas.
Hacía 15 días que Carmen Salinas había tenido su noche. La presidenta de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), Cristina Díaz Salazar, su amiga, le ofreció una cena en un lujoso salón de Paseo de la Reforma. Artistas, senadores y comunicadores se reunieron en torno a ella, vestida de rojo con ligeras lentejuelas. Noventa personas. Decenas de miles de pesos, según confirman voces en esa confederación representante del llamado sector intelectual del partido.
Ahí estaban figuras del espectáculo como Jacqueline Andere, Norma Lazareno, Cecilia Gabriela, Ernesto Gómez Cruz, Sissi Fleitas, Payín Cejudo, Rosita Pelayo, el productor Omar Suárez, el periodista Gustavo Adolfo Infante y también … el dirigente nacional del PRI, César Camacho Quiroz.
En su mesa, mientras brinda, el dirigente destaca las habilidades políticas y sociales de Carmen Salinas: “Carmen ha hecho mucho en el ámbito artístico y cultural de México. Este evento lo organizamos en forma íntima, pero si lo hubiéramos hecho masivamente habríamos necesitado del Estadio Azteca”.
La anfitriona será más acuciosa en su discurso en el micrófono: “Desde que te conocí supe que te iba a querer mucho, que serías una persona entrañable en mi vida. Carmen es una mujer hermosa, generosa, alegre y muy aguda en sus comentarios. Es imposible estar cerca de ella y no contagiarse con su alegría. Ella es una inspiración, un ejemplo de que el éxito público no está reñido con la sencillez de una mujer …” Seguirá: “Esta noche, conocemos el valor que tiene en la vida artística y cultural de México. Todos estos años no han pasado en balde. Los invertiste en las personas. Hiciste que la vida de todos los que nos hemos acercado a ti, cambiara para bien”.
La noche transcurrirá entre aplausos, una ensalada mediterránea, carne y poco más de 70 botellas de vino tinto y blanco.
Los que aquí están se enteran que Carmen Salinas ha brincado a la arena política.
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“Yo soy más hombre que tú y más mujer que tu chingada madre”. Esa fue la primera mentada en el cine nacional. La dijo Carmen Salinas Lozano en la película Tívoli de Alberto Isaac, en 1974. Ella, en realidad, se resistía a decir esa línea. Tenía muchas razones: esta apenas era su tercera película. Tenía 35 años de edad y le preocupaba –cómo no- lo que iba a decir la gente en Torreón, Coahuila, donde se encontraba su familia, conocidos y amigos. Pero el director le indicó que la pronunciara como le saliera, que la sintiera. Que eso hacen las actrices. Y la dijo con tal sentimiento que quedó filmada a la primera.
Carmen Salinas nació el 5 de octubre de 1937 de la unión de Jorge Salinas Pérez Tejada y Carmen Lozano Viramontes. Tuvo siete hermanos: Josefina y Esther (quienes ya fallecieron) María Eugenia, Jesús Alfredo, Gustavo, Elena y Roberto Sergio. Asistió a la Escuela Primaria Alfonso Rodríguez. Pero fue protagonista de ese índice que en los cuarenta atravesaba a México: la deserción de la Educación Básica en el tercer grado. En casa –mamá muy presente, padre ausente– se acordó que sólo estudiaran los hijos hombres porque el dinero no alcanzaba. Así que Elena y Carmen, las hijas más pequeñas, suspendieron los estudios.
En el Palacio de los Deportes de Torreón, Coahuila, se realizaban las Noches de Arte y Fortuna. De repente, a Carmen, con nueve años, ese concurso se le convirtió en la fuente de ingreso fija. Participaba todas las noches de viernes. El premio consistía en cien pesos, un estuche de cremas, un kilo de café Colón y una bolsa de papas (contará en varias entrevistas que las cremas se las untaban por todos lados). A fuerza de concursar y ganar, el productor del programa decidió contratarla. Dejó de ganar los cien pesos del primer premio, pero aseguró 15 pesos de salario.
En México, de 1940 a 1956, ocurrió lo que los economistas bautizaron como “El Milagro Mexicano”. La Segunda Guerra Mundial no había hecho estragos en el país. Al contrario, el sector primario se volvió increíblemente dinámico. Los presidentes Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemás Valdés lograron mantener un ritmo de 7.3 por ciento de crecimiento promedio en el PIB nacional. La industria manufacturera y de construcción crecían, mientras el país parecía fuente inagotable de energía y petróleo. México exportaba y al tiempo, no requería del exterior. Pero había pobreza. Y muy marcada. Esos millones de niños y adultos jóvenes que en esos años se quedaron sin estudiar también incurrieron en otro fenómeno: la migración interna. La gente dejaba el campo y se iba a las ciudades grandes.
Carmen Salinas aún no era adulta cuando se fue a Monterrey, Nuevo León. Consiguió ingresar a los programas de radio llamado Matinées Toficos donde interpretaba canciones de Francisco Gabilondo Soler (Cri-Cri) y “Charlando con usted”. En la estación de radio conoció a Juan Cejudo, el papá del actor “El Chato” Cejudo. Un día no llegó Leticia Palma –la actriz que sería entrevistada– y Carmen Salinas (por recomendación de Cejudo) se puso a imitar voces para que el público adivinara de quién se trataba.
En 1953, en uno de sus viajes de regreso a Torreón, fue incluida en el elenco artístico de los festejos de la coronación de la Feria del Algodón que producía Carlos Amador, el dueño de la revista Tele Guía. La adolescencia le había llegado y se presentaba como imitadora. En el elenco estaban Pedro Vargas, Ana Bertha Lepe, Nicolás Urcelay, las Hermanas Navarro, Rosa de Castilla, Los Tex Mex, Los Xochimilcas y la cantante Amalia Cristerna. El tiempo estaba medido para cada actor. Todos eran estrellas. No sobraba ni un minuto para ella. Además, Carlos Amador preguntaba cada noche: ¿Quién es Carmen Salinas? ¿Quién es Carmen Salinas? ¿Quién es Carmen Salinas?
Dieciséis años después, Carmen Salinas Lozano debutará en el Cine, en “La Vida Inútil de Pito Pérez”. Después en Doña Macabra. Y luego, en Tívoli.
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