Con un intercambio cordial, se realizó en la Casa Blanca la reunión protocolaria para el cambio de presidencia de Estados Unidos, un encuentro que contrastó fuertemente con la extrañeza del momento político de ese país.
La chimenea crepitaba en el Despacho Oval ayer mientras el presidente Joe Biden estrechaba la mano de Donald Trump y lo felicitaba por su victoria electoral.
Lejos quedaron los reclamos del republicano contra la administración demócrata y los señalamientos mutuos de campaña, ahora Trump recibió suaves y diplomáticas palabras. “Bienvenido de vuelta”, le dijo Biden a Trump, quien afirmó que la transición “será lo más fluida posible”.
En la Casa Blanca estaba Biden cuando Trump, quien nunca admitió su derrota, le negó la visita a los demócratas. No hubo reclamos por el hecho.
Tampoco hubo protestas en las calles ni sorpresas durante la visita de más de dos horas entre Joe Biden y Donald Trump.
También fue una escena muy diferente a cuando Trump visitó la ciudad después de su sorprendente victoria sobre Hillary Clinton hace ocho años. En aquel entonces, el país todavía estaba tratando de entender al magnate y Trump lucía algo nervioso durante su reunión en el Despacho Oval con el presidente saliente Barack Obama.
Ahora, Trump regresa triunfante y confiado, consolidando su lugar en la política estadounidense al superar dos juicios políticos, una declaración de culpabilidad y dos intentos de asesinato para ganar un segundo mandato en la Casa Blanca.
La gira de la victoria comenzó tan pronto como Trump aterrizó en su característico avión rojo, blanco y azul oscuro con su nombre en el costado. “Es agradable ganar”, le dijo Trump a los republicanos de la Cámara de Representantes durante su primera reunión del día de ayer.
También insinuó que podría no querer irse cuando su mandato termine en cuatro años más. “Sospecho que no me postularé de nuevo a menos que digan: “Es tan bueno que tenemos que idear una solución’”, dijo Trump en un tono sarcástico.
Con información de AP