Internacional
Viven como fugitivas tras romper tradicion machista en la India
Viven como fugitivas tras romper tradicion machista en la India
A principios de este mes, Bindu Ammini y Kanaka Durga provocaron la ira de grupos conservadores y religiosos luego de convertirse en las primeras mujeres en edad reproductiva en entrar al templo de Ayyappa en Sabarimala, al sur de la India.
Desde entonces, el par de devotas que lo único que buscaban era hacer valer sus derechos religiosos, viven como fugitivas en su propio país.
Ammini y Durga no cometieron ningún delito pues a pesar de que anteriormente estaba prohibida la entrada de mujeres entre 10 y 50 años al centro religioso, en septiembre del año pasado, la Corte Suprema india declaró esta medida discriminatoria y autorizó a todas las mujeres a ingresar al lugar, situado en la cima de una colina y cuyo acceso necesita varias horas de caminata.
Vestidas de negro y cobijadas por la noche, las dos mujeres pasaron los retenes creados por devotos que impiden (en contra de la ley) el libre paso de las mujeres a la zona y cerca del amanecer del 2 de enero, lograron entrar al lugar de veneración.
Su gesto disparó violentas manifestaciones en esta región en las que una personas murió, 15 resultaron heridas y otras mil personas fueron detenidas.
Aunque ahora son vistas como pioneras en la defensa de los derechos de las mujeres, Ammini y Durga se ven obligadas a vivir en la clandestinidad debido a que son blanco de amenazas.
Para poder llegar a dar con las mujeres hay que pasar por una serie de intermediarios, cambiar de coche y apagar los teléfonos celulares, informó la AFP luego de publicar una entrevista con ellas.
“Quería ejercer mi derecho como creyente, es todo”, contó Kanaka Durga, funcionaria de 39 años. “Era un paso adelante para reforzar la igualdad de sexos”.
Vestidas de negro y cobijadas por la noche, las dos mujeres pasaron los retenes creados por devotos que impiden (en contra de la ley) el libre paso de las mujeres a la zona y cerca del amanecer del 2 de enero, lograron entrar al lugar de veneración.
Su gesto disparó violentas manifestaciones en esta región en las que una personas murió, 15 resultaron heridas y otras mil personas fueron detenidas.
Aunque ahora son vistas como pioneras en la defensa de los derechos de las mujeres, Ammini y Durga se ven obligadas a vivir en la clandestinidad debido a que son blanco de amenazas.
Para poder llegar a dar con las mujeres hay que pasar por una serie de intermediarios, cambiar de coche y apagar los teléfonos celulares, informó la AFP luego de publicar una entrevista con ellas.
“Quería ejercer mi derecho como creyente, es todo”, contó Kanaka Durga, funcionaria de 39 años. “Era un paso adelante para reforzar la igualdad de sexos”.
