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Fármacos contra obesidad muestran beneficios en niños

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Según un análisis de datos recabados en condiciones de “vida real” —en la práctica clínica cotidiana— en Alemania, Austria y Luxemburgo, el uso de los nuevos medicamentos contra la obesidad está aumentando rápidamente entre niños, adolescentes y adultos jóvenes con “importantes beneficios para la salud”.
Los fármacos agonistas de los receptores de GLP-1 —o AR-GLP-1, que es su nombre técnico— fueron autorizados por la Agencia Europea de Medicamentos para el tratamiento de la diabetes tipo 2 en niños a partir de los 10 años en 2019.
Posteriormente, en 2021, llegó la aprobación para el control de peso en niños con obesidad de 12 años o más, y desde entonces la indicación se ha ampliado para incluir a niños a partir de los seis años, señala un comunicado de la reunión anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes realizada en Milán, Italia del 28 de septiembre al 2 de octubre pasado.
El uso de estos fármacos fármacos —entre los que se incluyen la semaglutida (nombres comerciales Ozempic y Wegovy), la liraglutida (Victoza y Saxenda), la dulaglutida (Trulicity) y la tirzepatida (Mounjaro)— ha ido en aumento en esta población concreta.
Sin embargo, “es probable que sigan utilizándose insuficientemente en niños, adolescentes y jóvenes”, considera Marie Auzanneau, investigadora de la Universidad de Ulm en Alemania, y líder del estudio que analizó el uso de los fármacos en los tres países europeos.
Auzanneau afirma que “alrededor de 200 mil jóvenes en Alemania padecen obesidad extrema y a menudo sufren complicaciones graves asociadas a la obesidad, como apnea del sueño, depresión y diabetes tipo 2”.
Por está razón, a ella y a sus colegas de Alemania, Austria y Luxemburgo les pareció importante conocer con qué frecuencia se prescriben y qué efectos tienen en esta población de pacientes en particular.
En especial, porque los fármacos “actúan específicamente sobre los mecanismos biológicos de la obesidad extrema y pueden resultar especialmente beneficiosos para los adolescentes que, anteriormente, habían experimentado un aumento de peso continuo y significativo a pesar de haber seguido intervenciones en el estilo de vida, como programas de dieta y ejercicio”.
También analizaron si el uso de estos fármacos se asociaba a cambios en el índice de masa corporal (IMC), la presión arterial y el control glucémico (niveles de azúcar en sangre).
“Nos interesaba este aspecto porque, si bien estos fármacos han mostrado buenos resultados en jóvenes bajo las condiciones estrictamente controladas de los ensayos clínicos, faltan datos sobre sus beneficios concretos en condiciones de práctica clínica real”, explica Auzanneau en el comunicado.
Mejoras en las mediciones
Al iniciar la terapia con los medicamentos AR-GLP-1, de los mil 878 niños y jóvenes de seis a 24 años diagnosticados con diabetes tipo 2 cuyos datos se analizaron, aproximadamente el 19% presentaba sobrepeso, el 44% obesidad y el 32% obesidad extrema.
Según los datos, más de un tercio (37%) de los jóvenes logró una reducción del 5% en su puntuación Z del IMC —el indicador coparativo que se usa con niños y adolescentes porque aún están en fase de crecimiento— y una cuarta parte (el 25%) “consiguió una reducción de al menos el 10%. La reducción media general fue del 2.3 por ciento”, señala el comunicado.
Incluso “una reducción del 2.3% es significativa si tenemos en cuenta que muchos de estos niños y jóvenes habían ganado peso durante años, a pesar de haber realizado cambios en su estilo de vida”, afirma Auzanneau. Además, el control glucémico mejoró y la proporción de niños y jóvenes con hipertensión disminuyó del 60% al 52 por ciento.
Beneficios a la calidad de vida
Auzanneau señala que “no se trata sólo de perder peso. Al ayudar a niños, adolescentes y adultos jóvenes a alcanzar un peso más saludable, estos fármacos deberían reducir la probabilidad de que desarrollen depresión, apnea del sueño y otras afecciones graves asociadas a la obesidad.
También añade que al ayudar a estos jóvenes a lograr un mejor control glucémico, los agonistas de los receptores de GLP-1 contribuirán a reducir el riesgo de enfermedades cardíacas y de daños oculares, renales y nerviosos. Esto es fundamental, ya que dichas complicaciones de la diabetes tipo 2 reducen la calidad de vida y, a menudo, también la esperanza de vida”.

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