Destacadas
Trump es recibido en China
El presidente estadounidense Donald Trump inicia el jueves la parte más ajetreada de su visita a China, una reunión que se prevé esté cargada de pompa y simbolismo, pero que difícilmente incluirá avances importantes en asuntos clave como el comercio, las relaciones de Estados Unidos con Taiwán o la guerra en Irán.
Trump arribó el miércoles por la noche y fue recibido con una elaborada ceremonia de bienvenida, y posteriormente su caravana pasó junto a una serie de banderas estadounidenses y chinas, así como rascacielos iluminados con caracteres chinos que decían: “Bienvenido a Beijing”. Después el presidente republicano se dirigió a su hotel y no tuvo actos públicos.
El gobernante chino Xi Jinping tiene previsto reunirse con Trump durante una ceremonia el jueves en el Gran Salón del Pueblo, centro de la actividad legislativa del gobierno comunista y sede de importantes eventos culturales y sociales, ubicado en el lado occidental de la plaza de Tiananmen.
Ambos sostendrán una reunión bilateral antes de que Trump visite el Templo del Cielo, un complejo religioso que se remonta al siglo XV y que simboliza la relación entre el cielo y la tierra. Trump y Xi también asistirán a un banquete de Estado.
El viernes, los dos gobernantes planean tomar un té de trabajo y almorzar.
La Casa Blanca ha insistido en que Trump no hubiera realizado el viaje si no pensara que podrá asegurar resultados antes de marcharse, lo que deja entrever que podría haber anuncios sobre comercio, incluido un compromiso chino de comprar soya, carne de res y aeronaves de Estados Unidos. Funcionarios del gobierno de Trump también quieren avanzar hacia el establecimiento de una Junta de Comercio con China, con el fin de abordar las diferencias comerciales entre ambos países.
Pero ninguna de las partes ha ofrecido aún detalles concretos sobre qué podría surgir de la visita de tres días, en un momento en que los estrechos vínculos económicos de Beijing con Irán podrían complicar las cosas.
Las cuestiones económicas persiguen a Trump hasta China
El presidente visita Beijing en un momento en que la cuestión de Irán sigue predominando en su agenda interna y aviva los temores sobre la posibilidad de un debilitamiento de la economía de Estados Unidos, a medida que se caldea la temporada electoral de cara a los comicios de mitad de mandato en noviembre, en las que los republicanos procurarán conservar el control del Congreso.
La guerra que lanzaron Estados Unidos e Israel contra Irán ha llevado al cierre casi total del estrecho de Ormuz. Ello ha dejado varados a buques petroleros y de gas natural, provocando un alza de los precios de la energía, lo que amenaza el crecimiento económico mundial.
El pasar tanto tiempo con Xi —especialmente en escenarios tan espléndidos— le dará a Trump amplio margen para abordar una serie de temas espinosos. Entre ellos están Irán y el comercio, pero también Taiwán y un posible acuerdo trilateral sobre armas nucleares entre Washington, Beijing y Rusia.
Aun así, los avances más allá de las cortesías —y de los abundantes elogios entre Trump y Xi, quienes llevan años prodigándose cumplidos en público— podrían resultar difíciles de conseguir.
“Es probable que ninguna de las partes avance mucho en los dos principales asuntos de política exterior”, pronosticó Jim Lewis, especialista en políticas tecnológicas del Center for European Policy Analysis, un organismo estadounidense de investigación. “Trump presionará a los chinos para que lo ayuden con Irán. No estarán dispuestos. Los chinos presionarán a Trump para que haga concesiones sobre Taiwán. Veremos qué sale de eso”.
De vuelta en Washington, la política en torno a la guerra se complicó más. Los republicanos del Senado volvieron a bloquear el miércoles una iniciativa demócrata para detener las hostilidades en Irán, pero la senadora Lisa Murkowski se desmarcó de su partido y se convirtió en la tercera republicana de la Cámara de Representantes en votar contra la continuidad de la guerra.
China es el mayor comprador de petróleo iraní, y aun así Trump ha intentado restar importancia a las versiones de que presionará a Xi para que haga más y obligue a Irán a reabrir el estrecho, incluso cuando funcionarios de la Casa Blanca dicen que le planteará ese argumento al gobernante chino a puerta cerrada.
El presidente también sostiene que la presión sobre la economía de Estados Unidos no comprometerá las exigencias estadounidenses mientras él negocia con Teherán en medio de un frágil alto el fuego. Al preguntársele al salir de la Casa Blanca si la estabilidad financiera de los estadounidenses comunes influye en las negociaciones con Irán, Trump respondió: “Ni siquiera un poquito”.
“No pienso en la situación financiera de los estadounidenses. Pienso en una sola cosa: no podemos permitir que Irán tenga un arma nuclear”, manifestó Trump, y luego planteó que “todo estadounidense entiende” esa postura.
Pero el gobierno ha pasado apuros para ofrecer un mensaje coherente sobre la inflación y la guerra.
El vicepresidente JD Vance insistió en una conferencia de prensa el miércoles en que Trump está “totalmente enfocado” en la inflación, pero negó las propias palabras del mandatario de que la economía de Estados Unidos no es un factor que influya en la resolución de la guerra.
“Bueno, no creo que el presidente haya dicho eso”, señaló Vance tras ser consultado por esos comentarios. “Creo que eso tergiversa lo que dijo el presidente”.
Las conversaciones sobre comercio y Taiwán también podrían ser intensas
Un tema de gran peso es el estatus de Taiwán, dado que China está descontenta con los planes de Estados Unidos de vender armas a la isla autogobernada, que el gobierno chino reclama como parte de su territorio.
El gobierno de Trump ha aprobado un paquete de armas por 11.000 millones de dólares para Taiwán, pero aún no ha comenzado a surtirlas. El mandatario también ha mostrado una mayor ambivalencia hacia la isla, un enfoque que está generando interrogantes sobre si podría estar dispuesto a reducir el apoyo a la democracia insular.
Taiwán es el principal fabricante de circuitos integrados del mundo y produce componentes esenciales para el desarrollo de la inteligencia artificial. Trump ha buscado reforzar acuerdos comerciales con la isla que puedan impulsar la producción de chips en Estados Unidos.
Trump llamó personalmente a Jensen Huang, de Nvidia, para invitarlo a subir al Air Force One durante una escala de reabastecimiento en Alaska rumbo a Beijing, uno de un amplio grupo de directores generales de los sectores tecnológico, de defensa, financiero y agrícola que integran la delegación. Otros funcionarios que participan en la visita incluyen al secretario de Estado, Marco Rubio; al secretario del Tesoro, Scott Bessent, y al secretario de Defensa, Pete Hegseth, así como a Eric, hijo de Trump, y a Lara Trump, su nuera.
A China también acudió Elon Musk, el director de Tesla y SpaceX, quien en su momento encabezó la iniciativa de Trump por recortar empleos federales y reducir el tamaño del gobierno.
Estados Unidos y China alcanzaron el año pasado una tregua comercial que apaciguó las amenazas de ambas partes de imponer fuertes aranceles a la otra. La Casa Blanca dice que ha habido conversaciones en curso y un interés mutuo en extender el acuerdo, aunque no está claro si durante la visita de Trump podría haber algún anuncio de ese tipo.
Trump ha dicho que le pedirá a Xi que les otorgue a las empresas de Estados Unidos un mayor acceso al mercado chino, instando a su homólogo a “’abrir’ China para que estas personas brillantes puedan hacer su magia”. También desea ampliar un acuerdo que le permite a los chinos seguir exportando minerales de tierras raras a Estados Unidos, lo que ha llevado a China a abstenerse de limitar el suministro global, en respuesta a amenazas de aranceles por parte de Trump.
Altos funcionarios estadounidenses también han dicho que Trump planteará la idea de que Estados Unidos, China y Rusia firmen un pacto que establezca límites a las armas nucleares que cada nación mantiene en su arsenal, una propuesta que Beijing ha visto con escepticismo anteriormente.