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Ninos presos, los invisibles del sistema penitenciario
Ninos presos, los invisibles del sistema penitenciario
En México, hay 542 niños que, a pesar de su inocencia, viven el mismo encierro que sus madres en las prisiones mexicanas. Las condiciones son precarias porque las leyes estatales no reconocen su existencia ni necesidades.
Tras las rejas, los niños viven con sus madres en las prisiones mexicanas. Ellos comparten la condena de la que fue acusada su progenitora: robo, privación ilegal de la libertad o asesinato. Lo hacen en condiciones precarias, limitadas, de abandono por el sistema penitenciario.
Aunque hace dos años la Ley Nacional de Ejecución Penal confirió derechos a los niños en prisiones, actualmente el 70 por ciento de las leyes estatales no reconocen su existencia, aun cuando tienen hasta el 30 de noviembre para homologar las legislaciones con la nacional.
Los niños presos no reciben alimentación apropiada; no tienen pediatras que atiendan su salud; no tienen camas para descansar; no asisten estancias infantiles completas; no acuden a centros educativos; están expuestos a los peligros de fuga y revueltas internas; no reciben atención sicológica para atender sus problemas, aun cuando el infante experimenta sentimientos similares a los menores que viven en una guerra.