Curiosidades
Como entender las fantasias sexuales de tu novio
Que seria de la pasion sin un poco de juego y un mucho de imaginacion
Todos los hombres necesitan que la mujer de sus sueños se convierta en realidad de vez en cuando… ¡Atenta a estas declaraciones de varios chicos!
Charo, mi novia, había dejado abierta la puerta del cuarto de baño para que yo pudiera verla en la ducha a través de la mampara empañada de vaho… mientras sus manos frotaban sensualmente sus pechos llenos de espuma y el agua jabonosa se escurría entre sus piernas esbeltas. Me sentía como si estuviera observando a escondidas a una bella desconocida. El deseo de arrancarme la ropa y unirme a ella en ese paraíso húmedo y desnudo era irresistible. Pero entonces mi novia me gritó “¡cerdo!” (y no precisamente con tono de broma), salió rápidamente de la ducha y echó el pestillo de la puerta del cuarto de baño, dejándome fuera. Así que cogí una botella de cerveza de la nevera, me tumbé cómodamente en el sofá y me puse a ver la tele.
No hay nada que mate más rápido el impulso pasional a un hombre que verse expulsado bruscamente del reino de la fantasía. Desgraciadamente para nosotros, a la mayoría de las mujeres les disgusta sentirse observadas por un mirón. No quieren convertirse en meras imágenes eróticas mentales, pero se sienten todavía más molestas si se les pide que hagan realidad nuestras fantasías. Es fácil que la mujer interprete que una petición semejante significa que su pareja la está usando como sustituto de una mujer imaginada con la que él desearía juguetear en una bañera llena de cálida gelatina de cereza.
Una novia que yo tuve me dijo cuando le pedí (mientras nos quitábamos nuestras ropas llenos de incontenible pasión) que se dejara puestos el sombrero y las botas de lagarto que llevaba: “Si lo que buscas es una puta para que se disfrace a tu gusto, vete a buscar una”. Lo que ella no podía comprender era que yo no sólo quería una fantasía, también la quería a ella… y mucho.
Muchas veces, las intenciones masculinas se interpretan fatal. El hecho de que no siempre nos conformemos exclusivamente con la mujer real –esa que lleva calcetines sudados y una mascarilla de barro- no significa que queramos que en nuestra vida exista otra protagonista distinta a la mujer que tenemos al lado. Casi siempre, tanto si soñamos en privado como si ponemos en marcha nuestras fantasías, el papel principal se lo adjudicamos a la mujer que queremos.
“Para cometer locuras, tienes que confiar en tu pareja –dice Félix, periodista-. Con mi novia, yo puedo explorar y experimentar como no podría hacerlo con una desconocida. Es la intimidad, tanto física como emocional, la que da tanta emoción a nuestra vida sexual”.
Por tanto, aunque pilles a tu chico echando una mirada a la camarera de la minifalda y las piernas larguísimas o le aguantes su interminable perorata sobre los talentos artísticos de la bailarina exótica de pechos enormes que actuó en la despedida de soltero de uno de sus amigos, debes comprender que tú –no esas otras mujeres- eres su verdadera fantasía. Esto es cierto, incluso aunque esa noche te pida que te pongas una minifalda negra o que le bailes la danza del vientre. Él no quiere que tú seas ninguna de esas dos mujeres, lo mismo que tú tampoco quieres que él sea Brad Pitt, cuando después de ver una de sus películas, le sugieres que te tome en brazos y te lleve en volandas al dormitorio. En ambos casos, no estáis echando de menos a otra persona, sino sólo tomando prestado el erotismo de una determinada situación y convirtiéndolo en una fantasía hecha realidad.
Por supuesto, eso no significa que debas someterte siempre a cualquier fantasía que se le ocurra y tengas que pasearte por la casa vestida sólo con un tanga y tacones de aguja. Si os pasáis de la raya en las simulaciones eróticas, puede resultar degradante para ti y aburrido para él.
“Una mujer que siempre está dispuesta a representar el papel que tú le pidas puede resultar bastante agotadora – dice Ricardo, un abogado-. Da la impresión de que se encuentra en una situación desesperada y está dispuesta a todo por sobrevivir. Además, por muy excitante que sea la fantasía, si se convierte en algo habitual te sientes igual que cuando has comido demasiados bombones: estás demasiado lleno y necesitas un tiempo para digerirlo todo antes de volver a empezar”.
