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elocuencia y creatividad
elocuencia y creatividad
por Carlos Sanchez
El discurso es ingenioso. Juega con los acontecimientos cotidianos. Y el móvil toral de la propuesta podría suponerse, es el amor.
Luis Eduardo Yee es el dramaturgo y actor del monólogo DHL, que se presentó el lunes por la noche en la apertura de la Muestra Estatal de Teatro 2016, en el Teatro de la Ciudad de Casa de la Cultura de Sonora.
Llama la atención la parafernalia en el discurso, la constante intención de sorprender al espectador, una y otra vez, con frases ingeniosas, juegos verbales como anzuelo; caer es inevitable cuando el público lo siente inminente y necesario. Entonces la risa es la aprobación también constante.
Llama la atención el ingenio en la propuesta escenográfica, la utilería, tener a la vista la sugerencia de un lugar en la playa, porque mientras la obra transcurre el personaje que es un repartidor de mensajería, arma una casa de campaña.
Entre la construcción de esta casa que a la postre se irá modificando hasta convertirse en una nave espacial, el discurso se vuelve rutinario, como una gota de agua que cae incesante.
El texto tiene su inteligencia, describe la capacidad de retención en la memoria de Félix, el personaje que también es narrador. Eso mismo, en lo personal, me provoca el deseo de cerrar los ojos, o bien de tener la obra impresa y dar lectura, para entonces yo construir las regiones descritas, las calles que habitan el otrora DF, hoy Ciudad de México. Un texto para leerse, concluyo.
Sin embargo DHL se escribe bajo la premisa del montaje. Y tiene su vuelta de tuerca, cuando parecería que de principio a fin el trabajo tendría solo un juglar en escena, las reacciones humanas menos esperadas ocurren cuando uno de los personajes, Rosa, que habitan la obra en voz del actor, participa para sorprender.
Un mensaje desde el buzón de voz del teléfono celular es la exposición de la complejidad en las relaciones amoroso-afectivas. La voz de Rosa que propone ruptura ante la supuesta incapacidad del amado que no puede encontrar una dirección para entregar un mensaje con carácter de urgencia.
Luego vendrá el viaje hacia el espacio. Entonces la magia ocurre ante la inteligencia de la utilería. Otra vez la elocuencia y el espectador a comprar sin cuestionar el planteamiento del dramaturgo y director, Luis Eduardo Yee.
Lo hemos visto levitar y andar en el espacio. Lo hemos escuchado enviar a los gringos a ese lugar donde se desea que estén, allá adonde sus acciones no jodan más a la humanidad.
El público sonorense es agradecido. Y ante la conexión de la cual ha sido presa, al final aplaude. Esto significa, supongo, que el trabajo logra su cometido: comunicar, provocar emociones.